Anormal. Los ataques vienen y van, soy tan débil. Cuando caigo, mamá pone una voz con una tonada que quizá al principio me salvaba. Hoy nada me anestesia, nada me enciende, hace meses estoy apagada. Cuando uno es simpático eso no se pierde, sigo haciendo chistes y comportándome como una idiota cuando alguien me hace compañía para bien, todavía agarro la cámara y congelo algún que otro momento, todavía le pido a mi hermano que toque la guitarra porque quiero el arte que papá siempre amó, mi voz. El piano intacto, el colegio siempre en el mismo lugar. Al principio era un dolor constante, hoy siento que no lo soporto, que mi mente ya no es la misma, y ese cambio es para peor, es un cambio que enferma, es letargo cada vez que sale el sol, agonía cada vez que se va. Lo único que hago despertar los nervios de los que sí me aman, y últimamente es lo único que me sale bien: lastimar a los demás. Que el amor es insuficiente, abrazos ya no existen, que no quiero estudiar, que no soy nadie, que alejo a todos. Y así siempre fui, si es que alguna vez fui. El miedo a que les caiga la ficha de todos los planes que se ocultan en lo más recóndito de mi mente es insoportable. ¿Dónde perdí mi luz? ¿En qué momento dejé de ser Carolina?
3 de Noviembre del 2011.
Salvame.
Te amo eternamente.
No hay comentarios:
Publicar un comentario