La vida sigue un ritmo que jamás voy a comprender, tal vez inexistente. Me redescubro en mi maldito M. Cané y sólo quiero salir corriendo hacia un lugar sin identidad, para encontrar mí identidad. Cada día me alejo un poco más y me encuentro más conmigo, estoy acá. Acá más que nunca. Y hay algo que sé, y es que no quiero desayunar cada día de mi vida con una persona que no me mira a los ojos como por primera vez, prefiero desayunar conmigo misma, prefiero una sola taza en la mesa, un sólo cigarrillo y un buen día a mí misma. Es algo que no leí en ningún libro, algo que nadie nunca supo decirme, y precisamente es cómo se tiene que vivir una vida sin dejarla fluir como un río muerto, como si yo misma estuviese muerta. Y estoy viva, porque cuando pienso en lo quiero llegar a vivir... sólo hay sueños, y felicidad, y sonrisas. Hay majestuosidad, y hay caminos inciertos que ni siquiera puedo imaginar. No quiero una vida llena de nada.
lunes, 29 de abril de 2013
Nada
Quizá no sea miedo, quizá sea una elección. Rodearme de todo lo que no quiero, verlo con mis propios ojos y no querer verlo más. ¿Y su amor dónde está? Se eligieron hace casi 9 años y cada día intento comprender la forma en que se miran por la mañana, las tazas de café sobre la mesa, nuestros tres cigarrillos encendidos casi al mismo tiempo, las asquerosas noticias de fondo, los buenos días que no saben pronunciar, los 'te amo' que nunca escuché. Lo económico a las 8 a.m, su mundo tóxico, mi burbuja ideal. Los sueños que no cumplieron por escuchar las malditas voces externas. Por consiguiente, la felicidad que sólo sienten cuando se sienten, y ese sentido que es tan de vez en cuando... que sólo los miro con miedo, pero a la vez con seguridad: no quiero eso. No quiero una vida llena de nada.
domingo, 14 de abril de 2013
A vos
A la deriva más linda del mundo, al sentido que no tiene sentido y a la felicidad. A las canciones que quise que escuches y a lo que nunca te dije. Al silencio y a los besos. Y a tu sonrisa irrebatible, a la paz de tu voz. A tus manos y a la distancia que ponemos para no molestar. A mis intentos de evitar gomías, y a mi sonrisa cuando me doy cuenta de que ya no puedo. Al poco tiempo a tu lado, y a los planes que nos inventamos para existir un rato más. A mis números pares, a Ciro y no a los persas. A tu cama, y a tu perfume en mi almohada, y en mi ropa. Y a los nervios y a mi misma. Y a vos, más que nada.
miércoles, 3 de abril de 2013
17
El número espanta. Pero más espantoso es cada segundo, de cada tres, de cada mes, desde el día que te fuiste. Llegué al punto que más temí, y la palabra "papá" duele en los labios cuando me animo a colocarla en mi boca. Y ese dolor es peor que el mismísimo dolor físico (es más que físico). Ya no lloro tu ausencia como la lloraba antes, hoy disfruto de cada cosa que me enseñaste y te recuerdo siempre, siempre estás acá, conmigo. Te amo eternamente, eterno.
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