viernes, 26 de octubre de 2012

Lo mejor de tu vida está presente

¿Quién me mandó a comprar estos Luckys convertibles? Tengo toda la garganta fría, y el aire prendido, y tengo frío porque estoy en corpiño, porque estoy sola. Pero estoy bien. Más bien que el 'bien' de siempre. Pude conectar el celular al equipo y eso quiere decir que me están agarrando orgasmos en los oídos, estoy totalmente plena. Me asusta lo mucho que puedo llegar a disfrutar la soledad, al punto de querer estar sola máximo tres días, cuatro días y ya enloquecería. Mañana se cumple una semana desde la última vez que me abrazaron. ¿Eso es triste? ¿Tengo que pedirle un abrazo a mi vieja? ¿O seguir con ésta postura inútil de contar los días hasta que vuelvan a abrazarme? Estoy bien. Quizá mi inconsciente está tratando de convencerme de que lo estoy, o quizá sí, quizá realmente estoy bien. ¿Por qué dar vueltas en mi mente? Me siento bien, me siento en paz. Aunque ayer haya ingerido ñoquis y nadie me haya obligado a hacerlo. Y aunque nadie tenga ganas de abrazarme. Estoy bien.

miércoles, 24 de octubre de 2012

Conmigo y sin mí.

Lo de siempre, lo que se acerca y me deja. El miedo del principio, las caricias al final. Lo efímero y lo infinito que nunca voy a conocer. La resignación. Y por último, la aceptación. La soledad que sobrepasa y que aferro como amiga. Las personas que se van. Los que nunca aparecen. Las muchas calorías y el odio. El humo de mis pensamientos, y el primer cigarrillo que me convida mamá, como plantando bandera. Como aceptando mi triste rebeldía que me hizo adicta a lo que todavía no me molesta. Esa plaza que pregunta por mí casi todos los días y sonríe cuando volvemos a encontrarnos. Los hombres que no se conforman con solo abrazarme. El enojo y la risa, porque nada más estúpido que un ser que no quiere querer. Un Ray Lamontagne que me endulza.
Posdata:
Quiero viajar unos días conmigo misma. Fue la idea más absurda que tuve últimamente. Quiero tomarme un colectivo sola, quiero pedir un taxi sola, quiero dormir sola y quiero ir a la playa sola. Y sí, miedo. Tengo 18 años y me molesta que me nazcan planes tan extraños en la mente. Voy a dejar de tener ganas de viajar cuando aparezca un plan más anormal. Y fue el plan más anormal que tuve en meses.
Posdata n° 2:
Gracias por venir.

lunes, 15 de octubre de 2012

Cierro los ojos y te veo más

Llenando de música cada parte de mi hogar. La paz interior de mi cuerpo es tan intensa que hasta los demás pueden notarlo cuando sonrío.

domingo, 14 de octubre de 2012

Ver algo majestuoso

Ya tengo 18 años, ya se abrieron algunas puertas que quizá cualquier otro disfrutaría, pero detrás de esa sonrisa que evoco cada vez que alguien se anima a recordarme que soy mayor, existe un miedo. Qué sería de mí sin el miedo, ¿no? Desde la última vez que pude escribir pasaron demasiadas cosas y entre tantas horas adentro de los consultorios de mi psicóloga, estoy un poco más libre de todo lo que me acechó hace algunos meses. Siempre me pregunta por qué me gusta tanto preocuparme, me dice que tengo que estar feliz y que no me tengo que sentir culpable por estarlo, pero hace oídos sordos cuando le digo que no me siento culpable, que todavía no puedo disfrutar cada momento sin darme cuenta de todo lo que me falta, sin mirarme los brazos, sin pensar en la muerte que me miró desde un rincón durante demasiadas noches, mientras todos dormían y yo miraba el techo blanco y sin vida, y aunque las paredes emanen tanta felicidad, tampoco tenían vida, todo era inhóspito y triste, todo era gris. Y lloraba porque no sabía dónde tenía que estar, no sabía por qué tenía que estar, y no sabía qué era lo que me iba a salvar. Después quisieron dormirme un poco para pensar un poco menos. Y accedí. Y me hice adicta en muy poco tiempo. Y al tiempo me sacaron todo, como siempre. Y no supe que hacer, toqué fondo y lo que era gris se convirtió en lo más oscuro que me pasó en mis pocos años de vida, hasta que pude salir, no del vacío existencial sino de mi mente, que se había convertido del todo en mi peor enemiga. Entendí que todavía me falta mucho en éste mundo, entonces me quedé. A la deriva y sin planes, sin ganas de testificar que hay sangre en mi cuerpo, con mucho tiempo libre y mucha música linda, y mi sonrisa salió a la luz después de tanto tiempo, y ahora hay abrazos sin lágrimas y te amos sin miedo a que sea el último.
Es como una caricia utilizar verbos en pasado cuando le cuento a los que quieren entender lo que pasó en mi cabeza. Es casi gloria sentir, al fin, esa paz que siempre busqué en lo exterior, y al final estaba en mí.