miércoles, 1 de agosto de 2012
volviendo a mí
Encontrarme dos días intentando creer en algo tan débil y cuando me veo en el derrumbe intento no caer. Intento no escuchar porque intento no caer. Pero mientras intento voy cayendo, con los ojos cerrados pero voy cayendo, sin darme cuenta y tan inconscientemente, pero voy cayendo. Y después ya no creo, y después me siento culpable, y después me siento insuficiente, entonces me quedo en un molde de cemento y me convierto en una piedra, en una piedra que no cree y que no siente, en una piedra que no busca ni encuentra, que ni recibe ni entrega, pero en lo más profundo de esa piedra sigo ahí, tan débil como siempre, y la erosión cada día es más tóxica, y esa coraza se corroe día a día y cada vez más, y la posibilidad de que algún día se vaya de mí cuerpo me da tanto miedo que me duelen los ojos de no llorar.
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"... Rodrigo, el único Riera M. que manchaba su rostro pálido y suave con la tierra de los picazos consecutivos, siempre, siempre temblaba en carcajadas junto a los otros obreros, ellos le estimaban bastante; a pesar de su apariencia debil e inocente, siempre captaba las metáforas de los muchachos del pozo y por alguna extraña suerte de privilegio, le oían cuando algún malestar les costaba el rostro de los límites más íntimos de la personalidad. Juan, compañero de excavación, un día le preguntó acerca de esa pasión que ponía en su tarea. En ese momento Rodrigo le insinuó como las rocas comprendían aún más brillo en su amargura mientras anochecían los soles encontrados de la plata, porque en esa separación que cada día, a parte de ejercitarme de un modo un poco inusual y más efectivo, observé sin alba, ni fragores por las sonatas del violín surcando entre violines, que la roca podía elegir el abandono aceptándolo entre tecla y tecla, adquiriendo el marfíl de su principio, antes de morir y olvidar su melodía; ¿entonces crees que después del fuego la roca toma su sendero? Más bien diría que me intriga el secreto que se lleva consigo la roca. Mirá, Juan, ves esta? Hasta parece un diamante, es más hermosa aún, no se puede ver a través de ella y todos sus linajes comprenden hasta la misma tierra; incontable como el océano, única y difícil de descubrir entre tantas hermanas del mismo ombligo; casi me atrevería a decir que recrean su melodía, su armonía y los sustos se encarcelan con ellas..."
ResponderEliminarMe gustó, me gustó.
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