Hace un año y un día papá se alejó físicamente para cuidarme en lo eterno y lo infinito. Estuvo presente todo mi tres de noviembre, cuidándome y descubriéndose en mi mente como si existiesen recuerdos de hace días atrás, como si pudiera llamarlo para escuchar su voz, como si todo lo que pasó no hubiese pasado. Incontables son las veces que llamé a su casa y me atendió la mujer que compró su departamento. Las ganas de parar que no llegaban, lo incontrolable, el desgarro. No era masoquismo, era intentar caer en la realidad de que el ya no estaba ahí ni en ningún lado, es lo que intenté ocultar detrás de cicatrices durante mucho tiempo. Llamaba para darme cuenta de que tenía que dejar de llamar. Lo violento se hizo carne, me recapitulo a mí misma en las situaciones a las que me expuse, y sé que poder estar acá es un favor que me hice porque quiero vivir por él y por todas las cosas que quería de mí como mujer, como persona.
"...y espero que en el cielo
esté la paz que siempre buscaste,
esperame con paciencia,
todavía quiero estar acá."
Me encanta como escribis Caro, seguí haciendolo porque la verdad lo haces muy bien. A veces me pasa que siento ganas de expresar algo que estoy viendo o sintiendo, y ni siquiera puedo ponerlo en palabras dentro de mi cabeza, y que vos, con un tema tan profundo y personal puedas escribir algo asi, para mi es un don. Saludos
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