Mi nombre es Carolina, y lo odio. Hay muchas cosas que no me gustan de mí, pero créanme: no puedo lastimar a nadie. Algún tema escondido, dice: “nací creciendo promesas rotas, y así aprendí a no cumplir las propias”, y es verdad, en mi historia es verdad. Debería aprender de sus errores, ¿no? La realidad es que no hago promesas, con nadie. Solo tengo una, y falta para tener que cumplirla. No prometo, y me molesta que me hagan promesas. Mi infancia me dejó llena de cicatrices, pero no busco venganza, y a veces (mentalmente) le agradezco a mi vieja por todas las malas decisiones que tomó, me animo a afirmar que fueron más malas que buenas. Es fácil lastimarme, pero imposible sacarme las ganas de levantarme y seguir.
Me gusta lo simple, las salidas simples, los detalles simples, la ropa simple, y la gente simple. Me gusta que me entiendan y que acepten lo que soy sin rodeos, y si no pueden aceptarlo, me molesta muchísimo que intenten cambiar lo que soy: mi religión, por ejemplo. No voy tocando las puertas de la gente dándoles razones para no creer en un dios supremo, ¿por qué tengo que escuchar a los testigos de Jehová? Bien gracias, chau no quiero, váyanse de mi casa, no me molesten; y yo soy una irrespetuosa, sí, pero para mí no existe alguien extremadamente genial, ¡Por favor! Déjenme con mi agnosticismo y vivamos todos en paz, acéptenme y no intenten cambiarme, porque, advierto, no lo van a lograr ni leyendo los versículos más emocionantes y perfectamente escritos del universo.
Me gustará lo simple, pero soy la persona más complicada que conozco, la que estuvo con muchos y nunca se enamoró, la que no puede tener algo favorito porque muchas cosas le gustan mucho, la que no sabe qué estudiar cuando termine, la que no quiere estar con alguien pero quiere que la quieran, la que no sabe qué onda tener, la única de la familia que tiene buen humor cuando madruga, la que un día quiere irse y al otro día se aferra, complicada, Carolina.
Pienso a futuro y la realidad siempre me pisotea, siempre es diferente, a veces cansa y a veces aprendes a vivir con la idea de que cuando imagines en tu cabeza que vas a ver a alguien y te va a abrazar, en la realidad esa persona está en la otra calle, con los auriculares puestos y no te ve, o te ve y te saluda con la mano, entonces sonreís y llegas a la esquina, y te quedas, atónito pero acostumbrado a esa sensación, y te parás, y decís, ¿por qué no crucé?, o vas a una fiesta, y claro que sabes cuando ESA persona fue, ahora me siento una estúpida, pero he pasado horas arreglándome imaginando de qué forma le gustaría que me pinte los ojos, vistiéndome con ese color que alguna vez alagó, con ese perfume que le gustaba, con el pelo lacio y largo, y con la actitud de no soltarlo nunca más, porque justamente me lo voy a cruzar en la puerta, y vamos a entrar juntos, y vamos a tomar algo en esos dos bancos juntos que encontramos en una fiesta de cinco mil personas, y claro que vamos a pedir lo mismo, porque tenemos un montón de cosas en común, pero después viene La Realidad a pegarte una piña en la punta de la nariz, y te pone un cable a tierra, claro, entonces estuve tres horas para entrar, y cuando entré ya se había ido, y obvio que no lo vi, entonces ese es el destino, esa es mi realidad, así funcionan las cosas en mi vida, costumbre y aceptación! Porque la vida es mucho más que un conjunto de casualidades, la vida es caer y levantarte, es que venga alguien y te jure que quiere solo tus besos, mientras se come una mina en tu cara, la vida es perder y ganar, la vida es una canción, un momento, la vida no es lo físico, no es eso que ves en el espejo, es aquello que sentís cuando miras los ojos de tu mejor amigo y sabes que todo va a estar bien, la vida es esa sensación cuando se apagan las luces en el recital de tu banda preferida, la vida es eso que pasa mientras haces otros planes, dijo alguna vez Lennon.
"Pienso a futuro y la realidad siempre me pisotea..."
ResponderEliminarCoincido totalmente.