Todos tenemos una historia, una personalidad, un espíritu. Más de una vez me he encontrado en un transporte público o sentada en un banco en cualquier plaza, sola, viendo la gente pasar, algunos rápido, apurados, como máquinas programadas para vivir una vida totalmente obvia y sin sorpresas: trabajo duro a cambio de dinero, fin. Luego pasan las personas como yo, que en realidad no tienen nada que hacer aunque a la vez tengan alguna que otra obligación, como ir al colegio, o cuidar las plantas de mamá cuando no está, cosas así; que simplemente se tomaron un colectivo y se sentaron en una plaza lejos, con una Coca en la mano y los auriculares bien puestos.
Estamos acostumbrados a juzgar teniendo como medio la apariencia, y qué equivocados estamos; porque cuando lloramos y alguien nos presta su fuerza abrazándonos, lo último en lo que pensamos es en sus defectos físicos, ¿Y cuando la gente se enamora? Y siente mariposas en la panza… ¿piensa en lo linda que le quedaba esa camisa? Porque nunca me enamoré, pero más de una persona me mantuvo pensando 25 horas al día, y estoy segura de que si sentí ese cosquilleo, jamás fue por belleza, sino la sensación de que su mano tome la mía, de un abrazo, o de una palabra, pero jamás porque la remera que se puso combinaba con sus ojos, ni porque sus pestañas estaban arqueadas y cada vez que pestañeaba causaba terremotos en mi cabeza, ¡Por favor!
Hay algo que me encanta hacer, más cuando viajo a la Capital, porque son personas mucho más diferentes: no todas pertenecen a una misma localidad, como acá, que los que vivimos en Ranelagh somos simplemente todos de Ranelagh (obviedad), allá alguno es de Olavarría, otro es de Flores, otro de Florencio Varela y alguno escondido es de San Antonio de Areco, y es claro que la ciudad condiciona la vida de uno. Entonces me pongo a pensar; no lo conozco, no voy a volver a verlo nunca más en mi vida, y no se su nombre, pero ¿cómo será cuando sonríe? ¿Cómo actuará cuando algo le da ternura? ¿Cuándo llora? ¿Cuál será su historia? ¿Sus papás estarán separados?, incluso… ¿estarán vivos?, y la sensación de intriga es mucho más gratificante que ir por la calle y ver pasar a un rubio de ojos claros (odio a los rubios de ojos claros) y pensar, ¡Oh! ¡Qué belleza! Y recitarle un poema vía mente, algo así como “eres un unicornio en la primavera de mi blaaaa bla bla.
Prejuzgar nunca es bueno, siempre es complicado evitar esto porque está tan enquistado en la sociedad que a veces te hace caer.
ResponderEliminarLo de la belleza, según i opinión como persona que trata de aplicar elnequilibrio del todo, es precisamente equiparar lo interno y lo externo, tampoco descuidar ningua de las partes, ni llevarlas al extremo.
Me encanta esa actitud de generar preguntas.
Saludos.