domingo, 4 de diciembre de 2011

Superficial Skin

     Todos tenemos una historia, una personalidad, un espíritu. Más de una vez me he encontrado en un transporte público o sentada en un banco en cualquier plaza, sola, viendo la gente pasar, algunos rápido, apurados, como máquinas programadas para vivir una vida totalmente obvia y sin sorpresas: trabajo duro a cambio de dinero, fin. Luego pasan las personas como yo, que en realidad no tienen nada que hacer aunque a la vez tengan alguna que otra obligación, como ir al colegio, o cuidar las plantas de mamá cuando no está, cosas así; que simplemente se tomaron un colectivo y se sentaron en una plaza lejos, con una Coca en la mano y los auriculares bien puestos.
     Estamos acostumbrados a juzgar teniendo como medio la apariencia, y qué equivocados estamos; porque cuando lloramos y alguien nos presta su fuerza abrazándonos, lo último en lo que pensamos es en sus defectos físicos, ¿Y cuando la gente se enamora? Y siente mariposas en la panza… ¿piensa en lo linda que le quedaba esa camisa? Porque nunca me enamoré, pero más de una persona me mantuvo pensando 25 horas al día, y estoy segura de que si sentí ese cosquilleo, jamás fue por belleza, sino la sensación de que su mano tome la mía, de un abrazo, o de una palabra, pero jamás porque la remera que se puso combinaba con sus ojos, ni porque sus pestañas estaban arqueadas y cada vez que pestañeaba causaba terremotos en mi cabeza, ¡Por favor! 
     Hay algo que me encanta hacer, más cuando viajo a la Capital, porque son personas mucho más diferentes: no todas pertenecen a una misma localidad, como acá, que los que vivimos en Ranelagh somos simplemente todos de Ranelagh (obviedad), allá alguno es de Olavarría, otro es de Flores, otro de Florencio Varela y alguno escondido es de San Antonio de Areco, y es claro que la ciudad condiciona la vida de uno. Entonces me pongo a pensar; no lo conozco, no voy a volver a verlo nunca más en mi vida, y no se su nombre, pero ¿cómo será cuando sonríe? ¿Cómo actuará cuando algo le da ternura? ¿Cuándo llora? ¿Cuál será su historia? ¿Sus papás estarán separados?, incluso… ¿estarán vivos?, y la sensación de intriga es mucho más gratificante que ir por la calle y ver pasar a un rubio de ojos claros (odio a los rubios de ojos claros) y pensar, ¡Oh! ¡Qué belleza! Y recitarle un poema vía mente, algo así como “eres un unicornio en la primavera de mi blaaaa bla bla. 

1 comentario:

  1. Prejuzgar nunca es bueno, siempre es complicado evitar esto porque está tan enquistado en la sociedad que a veces te hace caer.
    Lo de la belleza, según i opinión como persona que trata de aplicar elnequilibrio del todo, es precisamente equiparar lo interno y lo externo, tampoco descuidar ningua de las partes, ni llevarlas al extremo.
    Me encanta esa actitud de generar preguntas.

    Saludos.

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