lunes, 3 de diciembre de 2012

Pequeñas grandes cosas

Amanecer estando sola. El agua que hidrata resucitando, al fin, tu cuerpo. Un Jagger provocando el milagro. El frío y el sol, fusionados para hacerte sonreír. Los momentos que no estaban predestinados. Los abrazos espontáneos. Las películas que logran hacerme sentir en un mundo diferente (quizá inexistente). La espera y la actualización constante. Estar a la deriva y no saber qué hacer, pero hacer algo. Que Winehouse aparezca repentina y súbitamente. Las caricias sin un por qué aparente. Descubrirme en frente de un piano. Que mamá me escuche. Que mamá llore de la emoción. Soñar cosas horribles y despertar realizando que siempre puede ser peor. Que un bar te preste felicidad por un rato. Hacer que mi hermano sonría. La plaza y sus bancos, mis libros y mi humo. El hombre que siempre está sentado en la iglesia de la 148. Que mi psicóloga me abra la puerta de su consultorio para recostarme en un diván y que mi boca no se calle. Llorar de felicidad. Ver una película con un soundtrack increíble. Descubrir la simpleza de las cosas. Que las casualidades se alineen a mi favor. Aprender una nueva palabra. Enamorarme de un personaje de una historia irreal. Que un silencio no sea incómodo. Mirar por la ventana de un avión cuando está despegando y atravesar las nubes. Que no importe qué va a pasar después, que lo único que importe en un momento es, precisamente, ése momento.

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