Decididamente, la última entrada del año. Solo quedan unos días, y es asquerosa la felicidad que corre por mis venas en éste momento. Mi consciente está contento, sabe que cada final es un comienzo (a las piñas aprendió, y hoy puede aceptarlo con una sonrisa). Mi 2013 tiene tantas fichas puestas que creo que voy a terminar aturdida por los gritos de las putas frustraciones que van a ahogarme en un mar de esperanza vencida, pero tengo tantas ganas de crecer que le pongo el pecho a todo el cartucho que probablemente me vacíe el año que entra. Disfruto de cada bala, disfruto de cada caída porque sé que puedo levantarme y seguir caminando. ¿Se puede sufrir más de lo que sufrí los últimos meses? ¿o existe un límite? Jamás fui tan libre, jamás tuve tantas ganas de volar, jamás sentí éste fulgor. Tengo ganas de todo menos de autoboicotearme la felicidad, como supe hacer con un reitero casi insoportable. Dejo todo, dejo mi dramatismo, mi inestabilidad, mi indecisión, dejo todos los rasgos que me convirtieron en ésta roca llena de miedos. Dejo mis excusas y los últimos gramos de mi superficialidad. Dejo todos mis sueños frustrados, para poder crear nuevos y hacerlos realidad.
Dejo a Carolina, para poder recibirme en mi estado más puro, para poder encontrar en mí cosas que nunca pude a ver.
¡Sean infinitamente felices!
No sé ni cómo llegué acá, pero quiero hacer un comentario!
ResponderEliminarLástima que no llegué a hacerlo antes de que empiece el actual año :|
Está re bueno empezar el año con todas las pilas; ahora, si las cosas no salen bien, no olvides: de un año al otro hay tan sólo tiempo, así como entre un día cualquiera y el otro.
Siempre se puede volver a empezar el año, aunque no sea fin de año :)