Ahora reparto besos con los ojos abiertos y recibo abrazos pensando en motivos. No te odio, pero te lastimaría. Me da rabia verte, pero tengo que.
Y en mis auriculares suena su reflejo. Quiero ver que todo está bien, porque quiero hacerle bien. Porque de alguna manera necesito. Y me enojo, porque estar mucho está mal y estar poco también. ¿Cuál es el punto medio? Nunca me dieron tanta bronca los consejos de los demás, nunca fui tan independiente. ¿Qué es lo que estoy haciendo mal? Cuestiono. ¿Estaré haciendo algo mal? Pienso. ¿Estaré haciendo algo? Dejo de pensar.
Los libros sobre el piano y todas esas palabras que esperan ser leídas, un orgasmo provocado por historias de personas que supieron ser precipitantes sobre un conjunto de hojas que ahora me dan felicidad. Las películas que me esperan. Las personas que me miran, expectantes, al sentarme sola en el cine. Lo poco que me importa y lo mucho que me gusta. El humo que debería frecuentar un poco menos. Volver a abrazar a Lila y darme cuenta de lo poco que soy sin ella siendo parte de mí. Todas las cosas nuevas y mi afán de seguir aferrada a lo de antes. Sentirme más Carolina que nunca. La canción que metiste en mi vida y mi obsesión de recordar cómo cuándo por qué y cuántas veces. El alcohol de hoy y la resaca de mañana. Los pocos abrazos, los pocos mimos. Y los muchos besos sin amor. ¿Y de qué amor hablamos, si no me animo a sentirte un poco más?
No hay comentarios:
Publicar un comentario